
Desde la madrugada del 11 de noviembre de 2025, el Palacio Nacional en la Ciudad de México amaneció rodeado de vallas metálicas de tres metros de altura, instaladas en el frente y accesos de calles Corregidora y Moneda. También se reforzó la seguridad en el Zócalo y frente a la Catedral Metropolitana con barreras, como medida preventiva ante dos movilizaciones anunciadas. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) planea protestas y un campamento los días 13 y 14 de noviembre, buscando bloquear accesos y afectar la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Paralelamente, la Generación Z convocó una marcha el 15 de noviembre exigiendo soluciones a la violencia en el país.
El secretario de Gobierno de la CDMX, César Cravioto, explicó que el operativo pretende evitar incidentes, reducir contacto entre manifestantes y proteger inmuebles históricos del Centro Histórico. Las vallas buscan prevenir provocaciones y garantizar manifestaciones pacíficas, ante la posible presencia de grupos como el “bloque negro”, conocidos por actos vandálicos. Cravioto destacó la necesidad de seguridad para todos los involucrados.
La Generación Z ha ganado protagonismo en México, usando redes sociales para organizar protestas contra la inseguridad y políticas gubernamentales. El 8 de noviembre, 300 jóvenes marcharon en la CDMX, portando símbolos de cultura digital como la bandera de One Piece, aunque fueron detenidos antes de llegar al Zócalo. Figuras como Joaquín Cosío han apoyado estas iniciativas, incluso pidiendo la revocación de Sheinbaum tras el asesinato de Carlos Manzo en Uruapan. La presidenta sugirió influencia conservadora, pero los jóvenes defienden su autonomía en TikTok.
Porque, seamos sinceros, vallas no detienen el descontento, solo lo contienen. ¿Lograrán estas protestas un diálogo real o solo más tensión? El Zócalo será el juez.

