
En un giro digno de una telenovela de bajo presupuesto, Ucrania señala a Timur Mindich, compinche del presidente Volodimir Zelenski, como el cerebro detrás de una trama de corrupción de 100 millones de dólares. Este escándalo en el sector energético, ya machacado por la guerra con Rusia, tiene a la gente más encendida que un generador en apagón.
Mindich, copropietario del estudio Kvartal 95 fundado por Zelenski en los 2000, cuando el presidente aún hacía reír como comediante, supuestamente manejaba el sector energético como si fuera su caja chica personal. Según la Fiscalía Especializada Anticorrupción (SAPO), este señor controlaba la acumulación y lavado de dinero con la destreza de un mafioso de película. Y, ojo al dato, usaba su “amistad” con Zelenski como pase VIP para sus fechorías, según soltaron en una audiencia previa al juicio.
Para añadirle más salsa al drama, el director de investigación de la NABU, Oleksandr Abakumov, reveló en televisión que Mindich puso pies en polvorosa justo antes de que le cayeran encima con allanamientos. Y no está solo en el banquillo: el exministro de Energía, German Galushchenko, también habría recibido “regalitos” de Mindich a cambio de dejarlo jugar con los flujos financieros del sector. Un trueque de lo más sospechoso, ¿no?
Este culebrón no solo mancha reputaciones, sino que complica la candidatura de Ucrania a la Unión Europea, que exige limpiar la corrupción sistémica como quien barre bajo la alfombra antes de visitas. Mientras tanto, el pueblo ucraniano mira este circo y se pregunta si alguna vez cambiarán los guiones de siempre. A este ritmo, Zelenski podría volver a la comedia, pero esta vez sin querer.

