
¡Agárrense los sombreros, ecuatorianos! Este domingo, mientras el crimen organizado hace fiesta en las calles, los ciudadanos decidirán si abren la puerta a bases militares extranjeras y si le dan un giro de guión a su Constitución. Daniel Noboa, el presidente que parece sacado de un reality show, insiste en que estos cambios son la receta mágica contra el narco.
Ecuador, antes el vecino tranquilo de América Latina, se transformó en el Airbnb de las drogas gracias a su ubicación en el Pacífico. La violencia se disparó, la economía se tambalea más que un borracho en tacones, y Noboa quiere traer de vuelta a los soldados gringos que alguna vez acamparon en Manta hasta 2009. Aunque Rafael Correa, el exmandatario con alergia al Tío Sam, prohibió esas bases, Noboa sueña con un remake de esa alianza. Washington, que lo aplaude como si fuera su influencer favorito, ya ha hundido embarcaciones narco en el Caribe y Pacífico, dejando más de 70 fiambres acuáticos.
Sin embargo, no todos están listos para colgar la bandera estrellada en el patio. En Guayaquil, la ciudad más peligrosa del país, votantes como Jerónimo Ludeña temen que Ecuador se convierta en el patio de juegos bélico de EE. UU. Además, las incautaciones de droga cayeron un 70% tras el cierre de Manta, según el ministro John Reimberg, y las muertes violentas subieron un 36% en 2025. Aunque los sondeos dicen que la Asamblea Constituyente tiene luz verde, las bases extranjeras dividen opiniones más que una discusión de política en Navidad.
Total, Noboa ya firmó acuerdos militares con EE. UU. en 2024, asegurando decomisos en alta mar. ¿Resultado adverso en el referendo? No hay drama, la fiesta con Washington sigue. Así que, ecuatorianos, ¿votan por soberanía o por un roommate armado hasta los dientes? ¡Que empiece el circo electoral!

