
Haití se juega hoy su pase al Mundial 2026 contra Nicaragua, buscando volver a una Copa del Mundo por primera vez desde su épica participación en Alemania 1974. Pero este partido también despierta un recuerdo amargo para los mexicanos: aquella noche del 16 de marzo de 2008, cuando los caribeños nos dejaron fuera de los Juegos Olímpicos de Beijing.
Bajo el mando de Hugo Sánchez, el Tri necesitaba golear a Haití por cinco tantos para clasificar. Parecía pan comido tras un torneo decente, pero el partido se convirtió en una pesadilla más frustrante que un lunes sin café. Aunque México ganó 5-1, no alcanzó. Las oportunidades falladas, como dos tiros al poste a los 13 minutos y un penal errado de César Villaluz, fueron puñaladas al corazón tricolor. La defensa haitiana y su portero Johnny Placide se convirtieron en muros impenetrables, mientras el nerviosismo mexicano crecía como deuda de tarjeta de crédito.
Hugo intentó de todo, cambiando al 4-4-2 por una formación con laterales-extremos y tres atacantes. Edgar Andrade marcó al minuto 60, y los ingresos de Luis Ángel Landín y Santiago Fernández alimentaron esperanzas, pero nada. México se quedó a un gol de la hazaña, con fallas de Fernández que aún duelen. Para Haití, fue un triunfo moral; para nosotros, una de las noches más oscuras del fútbol nacional.
Ahora, Haití busca revivir su gloria mundialista. Tras vencer 1-0 a Costa Rica en Puerto Príncipe, necesita ganar hoy y que Honduras no derrote a Costa Rica. Es más que un partido: es esperanza para un país golpeado por conflictos. ¿Lograrán su boleto o seguirán esperando? Esto pinta más emotivo que una final de telenovela.

