
¡Atención, Europa! Emmanuel Macron ha sacado el sable digital y ha jurado que el Viejo Continente no será el recadero de los gigantes tecnológicos de EE. UU. y China. En una cumbre en Berlín sobre soberanía digital, el presidente francés soltó la bomba: basta de ser clientes pasivos de soluciones foráneas.
Macron, con el dramatismo de un general en batalla, insistió en que Europa no se convertirá en un “vasallo” de nadie, ni de Silicon Valley ni de Shenzhen. Acompañado por el canciller alemán Friedrich Merz, defendió una “preferencia europea” como si fuera el nuevo lema de la UE. “Queremos diseñar nuestras propias soluciones”, afirmó, probablemente mientras imaginaba un smartphone con olor a baguette y un algoritmo que hable con acento berlinés. Su plan estrella: que la contratación pública sea el campo de pruebas para esta revolución tecnológica casera.
El francés no se mordió la lengua al señalar que China y EE. UU. siempre juegan a “lo mío primero”, mientras Europa parece enamorada de todo lo que viene de fuera. “Somos los únicos que no preferimos lo nuestro, a veces hasta nos hipnotizan las soluciones extranjeras”, lamentó, como si estuviera viendo a un burócrata europeo comprando apps en lugar de croissants.
¿Podrá Europa crear su propio Silicon Valley o al menos un asistente virtual que no suene como un cowboy o un dragón? Macron está listo para liderar esta cruzada digital. Mientras tanto, todos cruzamos los dedos para que no terminemos con un Windows con sabor a queso y fallos existenciales.

