
¡Un arcoíris en tu plato! Una imagen viral en redes sociales clasifica frutas y verduras por colores, asociándolos a órganos del cuerpo: amarillo para el bazo, rojo para el corazón, morado para el cerebro, verde para el hígado y blanco para los huesos. Inspirada en nutrición holística, esta idea ha captado miles de miradas, pero, ¿qué tan cierta es? Spoiler: la ciencia dice que no todo es como lo pintan.
Aunque no hay evidencia sólida que conecte directamente el color de un alimento con un órgano específico, la tendencia del “plato por colores” tiene algo de verdad. Los fitonutrientes —pigmentos naturales como carotenoides, flavonoides y clorofila— dan color a frutas y verduras y actúan como antioxidantes. Estos compuestos combaten el estrés oxidativo, reducen inflamación y protegen células, beneficiando la salud general, no un solo órgano.
Expertos de la UNAM aclaran que asignar colores a órganos no es un método científico de diagnóstico o tratamiento. Sin embargo, recomiendan consumir una variedad cromática porque garantiza un amplio rango de nutrientes. “No pienses en qué órgano ‘entra’ cada color, sino en incluir diversidad”, sugieren. Un plato colorido suele ser nutritivo y cubre necesidades de vitaminas, minerales y antioxidantes.
La infografía viral ha motivado a muchos a comer más frutas y verduras, pero los especialistas advierten: no reemplaza la asesoría profesional ni debe tomarse como guía médica. Es una herramienta visual útil para hábitos saludables, no una cura mágica. ¿El truco? Integra al menos tres colores en cada comida. Así, aunque no “cures” un órgano, tu cuerpo te lo agradecerá con creces.

