
¡Caos en la Amazonía! La COP30 en Belém, Brasil, está más caliente que un asado en verano, pero no por acuerdos climáticos. Este viernes, la salida de los combustibles fósiles tiene a 30 países echando chispas contra un borrador brasileño que ni menciona la palabra “fósiles”. ¿En serio, Brasil? Eso es como hacer una dieta sin hablar de azúcar.
En las horas finales de esta primera COP amazónica, la presidencia brasileña presentó un proyecto de acuerdo más vacío que un lunes sin café. Un borrador anterior sí hablaba de abandonar el petróleo, gas y carbón, responsables de la mayoría de los gases de efecto invernadero. Pero ahora, nada. El comisario europeo Wopke Hoekstra soltó un “no hay acuerdo” más claro que agua de manantial, mientras una fuente española dijo que Brasil se niega a trazar una hoja de ruta. El jefe de la COP30, André Correa do Lago, pidió compromiso, advirtiendo que los anti-multilateralismo estarán de fiesta si esto fracasa. La ministra Marina Silva insistió en debatir, aunque el reloj aprieta más que unos jeans después de Navidad.
Y no solo es drama político. Un incendio el jueves en el Parque da Cidade paralizó todo y evacuó a miles. Sumémosle fallas de seguridad con empresas “clandestinas” usando detectores de metales como si fuera un videojuego. Hasta la ONU se quejó de protestas indígenas y goteras. ¿Conferencia climática o circo?
Mientras Lula da Silva quiso dar un paso histórico tras la COP28 de Dubái, productores como Arabia Saudita y consumidores emergentes frenan todo. La ministra colombiana Irene Vélez exige una ruta clara y anuncia una cumbre en Santa Marta para 2025. ¿Lograrán apagar el fuego fósil o solo el del recinto? Esto está más perdido que wifi en la selva.

