
Donald Trump y Xi Jinping tuvieron una llamada el lunes que fue más tensa que un episodio final de serie en Netflix. Xi insistió en que el “regreso de Taiwán a China” es tan crucial para el orden mundial como el Wi-Fi para un millennial, mientras Trump, fiel a su estilo, lo ignoró y calificó la charla de “muy buena”. ¿Relación sólida o solo postureo diplomático?
La conversación llega tras su reunión en Corea del Sur, donde pactaron un acuerdo comercial que aún está más en el aire que un dron sin batería. Ambos buscan calmar tensiones por aranceles y restricciones en tierras raras, con China retomando compras de soja gringa y EE. UU. bajando aranceles a cambio de que Pekín frene químicos para fentanilo. Xi también pidió mantener el vibe positivo y respaldó la paz en Ucrania, mientras Trump ya planea un viaje a China en abril y espera a Xi en 2026. ¿Intercambio cultural o solo fotos para Instagram?
Pero el elefante en la sala de Zoom es Taiwán. Pekín lo reclama como suyo, dispuesto a usar fuerza contra la isla democrática, mientras Japón advierte que un ataque chino podría desatar un drama militar más grande que una película de Michael Bay. Trump, astuto, no tocó el tema, prefiriendo presumir de “relación extremadamente sólida” como si fuera un influencer vendiendo vibes.
¿Cooperación o solo un apretón de manos para la cámara? Mientras China y EE. UU. juegan a ser amigos, Taiwán sigue siendo la papa caliente que nadie sabe cómo pelar sin quemarse. Esto pinta más complicado que armar un mueble sin manual.

