
¡El brillo de la corona se opaca con rumores oscuros! Fátima Bosch, recién coronada como Miss Universo 2025, sonrió con la seguridad de quien ha conquistado el escenario, pero su triunfo se ve empañado por un giro digno de telenovela. A días de su victoria, la Fiscalía General de la República (FGR) anunció investigaciones sobre presuntos nexos financieros y logísticos entre empresarios del entretenimiento, incluyendo a Raúl Rocha Cantú, ya en la mira por posibles vínculos con lavado de dinero, tráfico de armas, drogas y huachicol en México. Aunque no hay acusaciones formales contra Bosch, la sombra del pasado pesa como una losa.
En México, un nombre ligado al crimen basta para encender alarmas, y la historia de reinas de belleza atrapadas en redes de narco no es nueva. Desde Dolores “Lolita” Camarena, Señorita Chihuahua 1980, detenida en EE. UU. por lavado de dinero para el Cártel de Juárez, hasta Susana Flores Gámez, Mujer Sinaloa 2012, fallecida con un AK-47 en un enfrentamiento con militares, los casos abundan. El más icónico es el de Emma Coronel Aispuro, esposa de “El Chapo” Guzmán, arrestada en 2021 por colaborar con el Cártel de Sinaloa, convirtiéndose en símbolo de cómo la pasarela puede terminar en un tribunal.
Historias como la de Rocío Lizárraga, reina del Carnaval de Mazatlán 1990, secuestrada y forzada a casarse con Francisco Rafael Arellano Félix del Cártel de Tijuana, refuerzan un patrón cultural que historiadores como Arturo Santamaría y crónicas de Javier Valdez describen: poder criminal masculino, glamour público y un país donde la belleza puede ser mortal. ¿Será Fátima solo una víctima de rumores o parte de esta trágica tradición? Esto está más turbio que un guion de serie de narcos.

