
¡Esto parece guion de Hollywood! Brasil, liderado por el ministro de Hacienda Fernando Haddad, quiere que Estados Unidos le eche la mano para combatir el crimen organizado en el sector de combustibles. Todo explotó tras una operación policial que destapó un lavado de dinero más sucio que un taller mecánico, con empresas en Delaware ayudando a uno de los peores evasores de impuestos del país sudamericano.
Haddad soltó la bomba este jueves: el tema podría colarse en las charlas bilaterales con Washington mientras negocian un acuerdo comercial más amplio, ahora que Trump anda quitando aranceles a productos brasileños. Según Brasil, firmas gringas están siendo usadas para lavar plata y disfrazar inversiones. Y no solo eso, Haddad le confesó a Lula sus dolores de cabeza por armas ilegales llegando desde EE. UU., pidiendo meter este drama en la agenda. “Tenemos pruebas, imágenes de contenedores con armas pesadas entrando a Brasil”, dijo, como si estuviera narrando un thriller.
El objetivo principal de la redada fue Refit, una refinería privada que aún no abre la boca. La autoridad fiscal brasileña reveló que esto sigue una operación de agosto contra miles de millones de reales en lavado y fraude, ligados al Primer Comando Capital, una banda que no juega en ligas menores. El evasor estrella debe más de 26,000 millones de reales (unos 4,900 millones de dólares) y habría movido 72,000 millones en un año a través de empresas y fondos offshore.
Haddad insiste: “Si queremos parar las drogas rumbo a EE. UU., necesitamos frenar el crimen aquí y las armas de allá”. ¿Lograrán Brasil y Washington bailar este tango sin pisarse, o seguirá el caos criminal? Esto está más enredado que un cable de audífonos.

