
¡Washington en shock! Un tiroteo cerca de la Casa Blanca dejó a una guardia nacional, Sarah Beckstrom, de 20 años, muerta, y a su compañero Andrew Wolfe, de 24, en estado crítico. El sospechoso, Rahmanullah Lakanwal, un afgano de 29 años con asilo desde abril, desató el caos el miércoles, y ahora el gobierno de Trump apunta a revisar cada green card de inmigrantes de 19 países “preocupantes”.
Lakanwal, quien colaboró con fuerzas estadounidenses en Afganistán, según AfghanEvac, condujo desde la costa oeste para emboscar a los militares. El FBI investiga posible terrorismo, registrando propiedades en Washington y confiscando dispositivos. La fiscal Jeanine Pirro no se anda con rodeos, mientras la fiscal general Pam Bondi, en Fox News, habla de cargos por terrorismo, cadena perpetua e incluso pena de muerte tras la trágica pérdida.
Trump, furioso, culpa a los controles migratorios flojos de Biden y ordenó, vía Joseph Edlow de USCIS, una revisión exhaustiva de residencias permanentes de naciones como Afganistán, Irán, Somalia y Yemen, entre otras 12 con veto total, más siete con restricciones parciales como Cuba y Venezuela. El decreto de junio pasado ya marcaba la línea dura, y este ataque solo aviva el fuego.
El presidente insiste que la seguridad nacional no es un juego de Monopoly: no se pasa “Go” sin revisar quién entra. Mientras Lakanwal permanece hospitalizado en estado grave, el país debate si esto es un fallo aislado o una grieta gigante en el sistema. Una cosa es segura: Washington no olvidará pronto este golpe, ni Trump dejará de apretar tuercas migratorias hasta que sienta que el tablero está limpio.

