El mundo dice chau a 2025, un año tan revuelto que parece un guiso de crisis globales, con la esperanza de que 2026 traiga algo más que memes de Labubu y menos drama. Fue uno de los años más calurosos, con incendios en Europa, sequías en África y diluvios en el sudeste asiático.
En Sídney, la “capital mundial del Año Nuevo”, la fiesta tiene un sabor agridulce tras la masacre en Bondi, donde dos hombres mataron a 15 personas hace dos semanas. A las 23:00, un minuto de silencio y el puente iluminado de blanco recordarán a las víctimas, mientras nueve toneladas de fuegos artificiales explotarán a medianoche. La seguridad estará más tensa que un reality de eliminación, con policías armados patrullando. Steph Grant, una publicista de 32 años, suspira: “Ojalá 2026 sea menos oscuro”.
El año dejó locuras como el robo de joyas en el Louvre, el regreso de BTS y la muerte de figuras como Jane Goodall, el papa Francisco y Charlie Kirk, cuyo asesinato destapó la grieta política en EE. UU. Trump volvió al poder en enero, desatando un caos arancelario mundial, aunque logró un frágil alto al fuego en Gaza. En Ucrania, la guerra sigue rumbo a su cuarto año, mientras en el Caribe, Washington ataca narcos y presiona a Venezuela con bloqueos.
En América Latina, Ciudad de México vibra con su verbena electrónica, pero la economía preocupa. Enrique Flores, de 61 años, pide inversión y mejores servicios. En Argentina, Celeste Meza, de 40, sueña con otro Mundial en 2026. Y en el espacio, Artemis II promete orbitar la Luna. ¿Será 2026 un viaje estelar o más caos terrenal?


