El esquiador mexicano Allan Corona vivió un momento épico este 13 de febrero de 2026 en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina. Compitiendo en la prueba masculina de 10 kilómetros estilo libre con salida en intervalos, el atleta de cross country enfrentó un reto de nieve y resistencia que parecía sacado de una película de supervivencia. Con un tiempo de 28:33.9, se colocó en el puesto 105, a 7:57.7 del oro noruego Johannes Hoesflot Klaebo, quien voló con 20:36.2.
Pero aquí no se trata de números, sino de corazón. Cruzar la meta fue para Corona la culminación de un sueño más grande que una montaña nevada. Su sonrisa al terminar era más brillante que un reflector olímpico, celebrando estar en el mayor escenario deportivo del mundo. Lejos de obsesionarse con el ranking, su actitud fue un recordatorio de que competir ya es ganar, aunque no cuelgues medallas.
Lo mejor vino después. Corona se quedó en la zona de llegada para esperar al sudafricano Matthew Smith, recibiéndolo con abrazos como si fueran compas de toda la vida. Luego repitió el gesto con Samer Tawk de Líbano, felicitándolo por el esfuerzo en una prueba que deja los músculos gritando. Estas escenas de camaradería se viralizaron en el entorno olímpico, mostrando el espíritu de los Juegos: unión y respeto por encima de cualquier tabla de posiciones.
La participación de Corona en Milano-Cortina 2026 va más allá de un lugar en la lista. Representa perseverancia, clase y un mensaje claro: el valor de un atleta también está en cómo trata a sus rivales. Para México, es un orgullo que esquía directo al corazón.


