¿Quién diría que los fertilizantes serían el nuevo oro negro? António Guterres, el jefe de la ONU, está moviendo cielo y tierra para desbloquear el estrecho de Ormuz, atascado por la guerra en Oriente Medio. Con hasta el 30% del comercio mundial de fertilizantes pasando por ahí, según la FAO, esto es más serio que un agricultor sin Wi-Fi.
Guterres, en plan mediador de reality show, armó un “grupo de trabajo específico” para crear mecanismos técnicos que permitan el paso de estos tesoros agrícolas. En los últimos días, se ha reunido con representantes de Irán, Estados Unidos, Pakistán, Egipto y Baréin, buscando un acuerdo que evite que el mundo se quede sin abono. Su portavoz, Stéphane Dujarric, advirtió que un bloqueo prolongado podría ser un dominó de desastres, afectando desde la ayuda humanitaria hasta la producción de comida. Imaginen un mundo sin pan ni tortillas; ¡eso sí es el apocalipsis!
Mientras tanto, el economista estrella de la FAO, Máximo Torero, soltó una de esas predicciones que te hacen sudar frío. Si la guerra se alarga solo un par de semanas, los mercados podrían sobrevivir con un par de aspirinas. Pero si Ormuz sigue cerrado tres meses, prepárense para una catástrofe agrícola global, con cosechas de trigo, arroz y maíz cayendo más bajo que la popularidad de un político en campaña.
Así que, mientras Guterres negocia como si su vida dependiera de ello, el resto del mundo cruza los dedos. ¿Logrará salvar los fertilizantes o terminaremos todos comiendo hierba del jardín? Esto está más tenso que un agricultor esperando la lluvia.


