El gobierno federal soltó el bombazo este lunes en el Diario Oficial de la Federación: a partir del 1 de enero de 2026, entran en vigor reformas arancelarias para darle un empujón a los productos nacionales. Con esta jugada, buscan una “reindustrialización soberana, sostenible e incluyente”, ajustando los aranceles a importaciones de sectores estratégicos. Básicamente, México quiere jugar en casa sin que le metan goles baratos.
La Cámara de Diputados dio luz verde el 9 de diciembre con 281 votos a favor, 24 en contra y 149 abstenciones, todo para equilibrar el mercado interno. Según el Ejecutivo, esta política arancelaria es clave para proteger los intereses económicos del país. A partir de 2026, productos de China y otros países asiáticos enfrentarán nuevos impuestos, un escudo para el empleo local y un intento de corregir distorsiones en el comercio internacional. La presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, lideran esta estrategia para blindar industrias clave.
Ebrard, en su declaración del 15 de diciembre, calificó la medida como “preventiva, sensata y quirúrgica”, diseñada para evitar que la competencia externa nos deje en la lona. Señaló que las importaciones han pegado duro, con aumentos del 34% en la industria automotriz y más del 20% en textiles, vestido y calzado. Aunque el impacto inflacionario se estima bajito, apenas un 0.2% en el índice de precios al consumidor, el objetivo es claro: salvar miles de empleos.
¿Será este el gol que México necesitaba o un autogol en la economía? Por lo pronto, el 2026 pinta como un partido donde los aranceles serán los defensas estrella.


