En una noche que parecía sacada de un guion de narcoserie, hombres armados atacaron un vehículo en Mexicali, Baja California, el pasado martes 20 de enero de 2026. Las víctimas, dos hermanas de 19 y 25 años, estaban afuera de un domicilio entre la avenida De los Deseos y la calle Del Zodiaco. El resultado: una falleció y la otra quedó gravemente herida, más frágil que un castillo de naipes en un huracán.
Según medios como Zeta Tijuana y El Sol de México, los agresores huyeron en un vehículo color arena, desapareciendo como influencers después de un escándalo. Tras los disparos, vecinos alertaron a la policía municipal, que llegó junto a paramédicos de la Cruz Roja Mexicana. Estos confirmaron la tragedia: una de las jóvenes ya no tenía signos vitales, mientras la otra fue trasladada de urgencia a un hospital local, peleando por su vida. En la escena, las autoridades hallaron casquillos de grueso calibre, como si hubieran vaciado un arsenal de película de acción.
Aunque Baja California no es el epicentro de la violencia en México, no está libre de estos sustos. Del 14 al 20 de enero, la entidad registró 13 homicidios dolosos, con tres solo el domingo 18. A nivel nacional, este delito sigue siendo una espina clavada: en los primeros 20 días de 2026, se reportaron 962 víctimas, una baja respecto a los 2,196 de septiembre de 2023 o los 1,503 de diciembre de 2025.
Mientras las estadísticas bailan entre subidas y bajadas, en Mexicali una familia llora. ¿Cuándo dejaremos de contar muertos como si fueran goles en un partido interminable? Esto pinta más oscuro que un callejón sin faroles.


