¿Descarbonizar la industria? Fácil, dijeron algunos cerebritos. Solo usa bombas de calor. Pero, sorpresa, estas maravillas tecnológicas vienen con más drama que una telenovela de sobremesa. Un equipo internacional, con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y su Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid (ICMM-CSIC) a la cabeza, ha destapado el potencial y los líos de estas bombas de alta temperatura. Spoiler: no todo es tan caliente como parece.
Resulta que las bombas actuales, basadas en compresión de vapor, son eficientes como un influencer vendiendo filtros, pero sus refrigerantes son un desastre ambiental y de seguridad. Peor aún, no funcionan por encima de 300 grados centígrados, o 600 kelvin para los nerds. Esto significa que muchas industrias, operando a temperaturas más altas, siguen quemando combustibles fósiles o usando calefacción eléctrica resistiva, generando más calor residual que un drama en Twitter. Miguel Muñoz Rojo, investigador del CSIC, insiste en que recuperar ese calor perdido es clave para mejorar la eficiencia industrial y dejar de calentar el planeta como si fuera un microondas.
El estudio, publicado en ‘Nature Energy’, explora bombas de calor basadas en estado sólido y ciclos de gas que podrían bombear calor hasta 1600 kelvin (casi 1327 grados centígrados). ¿El sueño? Convertir electricidad en calor y aprovechar fuentes residuales sin explotar. Pero no todo es miel sobre hojuelas: escalabilidad y desafíos técnicos acechan como un jefe pidiendo reportes un viernes por la tarde.
En resumen, estas bombas prometen ser la chispa de la descarbonización, pero aún necesitan ajustes para no quemarnos los dedos. ¿Podrán soportar el calor o solo nos dejarán sudando de ansiedad?


