
El vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, soltó el martes que los líos con las importaciones de biocombustibles estadounidenses están “prácticamente resueltos”, aunque se guardó los detalles como quien esconde el ingrediente secreto de una receta. Según el Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, que Alckmin dirige, se refiere a ajustes en el programa RenovaBio, que impulsa el uso de etanol y biodiésel para reducir emisiones y dejar de lado los combustibles fósiles.
El gobierno de Donald Trump había señalado a RenovaBio como una barrera no arancelaria en su Informe de Estimación del Comercio Nacional, alegando que ponía a los productores gringos en desventaja, como un equipo jugando con un árbitro comprado. Pidieron a Brasil revisar las reglas, y parece que funcionó. Hasta junio, los exportadores extranjeros necesitaban un intermediario brasileño para certificarse y obtener créditos de descarbonización, pero una resolución de la ANP ahora les permite hacerlo directamente, nivelando el terreno más que un campo de fútbol recién cortado.
En un evento de la Cámara de Comercio Estadounidense en Brasil, Alckmin también destacó que las barreras no arancelarias son clave en las charlas con EE. UU., tocando temas como centros de datos, tierras raras y gigantes tecnológicos. Además, celebró que Washington eximiera recientemente más de 200 productos de un arancel del 50%, mientras las conversaciones entre ambos países siguen más vivas que un carnaval en Río.
¿Será este el fin de las tensiones comerciales o solo un alto al fuego temporal? Mientras Brasil y EE. UU. negocian, el mundo espera que no se queden en puro bla bla. Esto está más enredado que un cable de audífonos en el bolsillo.

