Cálculos renales: las piedritas que te hacen ver estrellas sin telescopio

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Cálculos renales: las piedritas que te hacen ver estrellas sin telescopio

¡Ay, qué dolor! Los cálculos renales, esas piedritas traicioneras que afectan a una de cada diez personas, pueden convertir tu vida en un drama de hospital. Dolor lumbar, ardor al orinar y un olor que ni el ambientador más potente disimula son las señales de que tienes un intruso en los riñones. Pero tranquilo, hay formas de lidiar con este suplicio.

MedlinePlus, el gurú de la salud, sugiere que beber líquidos como si fueras camello en el desierto es clave para empujar esas rocas diminutas. La mayoría de los cálculos menores a 4 mm se van solos, aunque duelan como si un elefante te pisara el riñón. También puedes jugar al detective y colar tu orina para atrapar las piedritas y llevarlas al laboratorio. Así, los médicos sabrán de qué están hechas y cómo evitar que regresen como invitados no deseados.

El autocuidado ayuda, pero no te hagas el valiente. Si el dolor no cede, tienes fiebre, vómitos o no puedes ni gotear, corre al doctor. Podrías tener una obstrucción o infección que complique todo, desde pielonefritis hasta fallos renales. Los cálculos son masas de minerales como calcio o ácido úrico que se forman en los riñones y, cuando se mueven, te hacen desear no haber nacido.

Si no se van solos, los médicos tienen trucos como ondas de choque o cirugías mínimamente invasivas, dependiendo del tamaño y lugar de la piedra. No ignores síntomas graves; un diagnóstico a tiempo evita que esto se vuelva una película de terror. Así que, hidrátate, vigila y no dejes que estas piedritas te ganen la partida.

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