¡La Casa Blanca parece un circo de tres pistas! Ayer, 3 de marzo, la descoordinación sobre los motivos del ataque contra Irán alcanzó niveles de comedia de enredos. Un alto funcionario del Pentágono señaló a Israel como responsable de la muerte del ayatolá Alí Jamenei, mientras EE. UU. insiste en que solo quiere recortar las garras militares de Teherán.
En una audiencia ante la Comisión de Fuerzas Armadas del Senado en el Capitolio, el subsecretario de Política de Defensa, Elbridge Colby, explicó que las operaciones ordenadas por Donald Trump buscan debilitar la capacidad de Irán para atacar bases yankis y a sus aliados en Oriente Medio. El foco principal, dijo, es reducir las “fuerzas de misiles” iraníes, que han crecido como mala hierba y representan una amenaza seria. Pero cuando el senador demócrata Jack Reed preguntó por qué el primer golpe fue contra Jamenei y los líderes del régimen, Colby se lavó las manos: “Eso fue cosa de Israel”.
Y luego está Trump, que no ayuda a aclarar el panorama. Durante una reunión con el canciller alemán Friedrich Merz, el presidente afirmó que Irán planeaba atacar primero. “No quería que eso pasara, así que tal vez forcé la mano de Israel”, soltó, contradiciendo a su jefe de diplomacia, Marco Rubio, quien antes señaló a Israel como el detonante de esta guerra. ¿Quién dice la verdad? ¿O es que nadie sabe quién dio el primer puñetazo?
Entre versiones cruzadas y dedos señalando a todos lados, la Casa Blanca parece más perdida que un turista sin GPS. ¿Estrategia maestra o caos total? Esto está más confuso que un final de telenovela.


