¡De broma a fenómeno! En el podcast de Melo Montoya, CD9 desmenuzó su origen, lejos del cliché de boy band prefabricada. Aunque hubo planeación, insisten que su éxito fue puro esfuerzo y visión compartida. Durante un año se prepararon con clases de baile y moldearon el concepto junto a dos managers de 23 años que apostaron todo por ellos. “Le doy mérito a nuestros managers, confiaron en nuestros sueños”, confesaron.
Todo empezó como un juego en la era dorada de One Direction y Justin Bieber. Internet los unió, inspirados por shows como American Idol, y decidieron probar suerte en México sin contrato ni gran respaldo. Su primer video fue financiado con ahorros y ropa prestada, “austero pero cool”, bromean. Lo que parecía un experimento casero explotó: de la nada, pasaron a recintos gigantes. “Fue como iniciar y ¡pum!”, describen ese subidón.
Tras seis años de pausa, su regreso fue un terremoto. Planeaban una sola fecha en la Arena Ciudad de México para 22 mil personas, pero agotaron boletos en menos de una hora. Sumaron más fechas y vendieron 88 mil entradas sin nueva música ni estrategia. “Neta tuvimos miedo de anunciar una arena”, admiten. El impacto los hizo soñar con el Estadio Azteca, aunque el verdadero triunfo fue reconectar con su público.
Para CD9, la pausa, planeada o no, fortaleció ese lazo. “Funcionó… estamos bien agradecidos”, concluyen. Su historia demuestra que un grupo de chavos apasionados y una chispa digital pueden llenar estadios. Esto pega más duro que un hit viral en Spotify.


