En un tono que parece sacado de un consejero matrimonial, China le ha dicho a Estados Unidos que se calme y no saque el martillo de guerra contra Irán por el tema nuclear. La portavoz Mao Ning, con la serenidad de un monje zen, pidió este jueves “moderación” y soluciones diplomáticas, porque, según ella, las peleas internacionales no se resuelven a puñetazos.
Pekín, que presume de una “histórica amistad” con Irán, se puso la capa de superhéroe prometiendo apoyar a Teherán en defender su estabilidad y derechos, como si fueran los mejores amigos del barrio. Mao insistió en que todos deberían “apreciar la paz” y charlar en lugar de lanzar misiles, ofreciendo a China como el mediador cool que todos necesitan. Mientras tanto, en Ginebra, Suiza, se celebró la tercera ronda de charlas indirectas entre EE. UU. e Irán, con Omán de árbitro, y al parecer hay “apertura” a ideas nuevas, como si estuvieran brainstormeando en un coworking.
Por su lado, Washington ha subido la presión con Donald Trump soltando amenazas más rápidas que tuits y desplegando tropas en Oriente Próximo, aunque ya están en negociaciones. Trump primero se quejó de protestas en Irán, pero luego cambió el disco al programa nuclear, que Teherán jura es solo para hacer bombillas. Sin olvidar los bombardeos de junio de 2025, con más de 1,100 muertos, que dejaron a Irán con menos ganas de charlar que un ex en una boda.
Al final, China solo pide que nadie saque el lado Hulk. ¿Lograrán todos sentarse a tomar un té o acabaremos viendo un reality de guerra? El drama continúa.


