
¡Prepárense para un drama internacional más enredado que un culebrón! China está lista para pujar por construir dos nuevos puertos en el Canal de Panamá, y el administrador Ricaurte Vásquez dice que todos son bienvenidos a la fiesta. ¿El problema? Donald Trump anda gritando que Pekín ya controla la vía porque la hongkonesa Hutchison Holdings opera los puertos de Balboa y Cristóbal. ¡Es como si Trump quisiera ser el bouncer del canal!
Hutchison, bajo presión, aceptó vender esas terminales a un grupo liderado por BlackRock de EE. UU., pero China mira la jugada con cara de “no me fío ni un pelo”. Ahora, empresas como Cosco Shipping Ports y Orient Overseas Container Line (OOCL) de Hong Kong quieren meterse en la licitación de los puertos de Corozal (Pacífico) y Telfers (Atlántico). Vásquez, con calma de monje zen, soltó un “cruzaremos el puente cuando lleguemos al río”, esquivando preguntas sobre tensiones geopolíticas. ¡Qué diplomacia!
El lunes arrancan reuniones con consorcios interesados, incluyendo a gigantes como PSA International (Singapur), Evergreen (Taiwán), Hapag Lloyd (Alemania), Maersk (Dinamarca) y CMA Terminals (Francia). El canal planea invertir 8,500 millones de dólares en una década, con nuevos puertos, un gasoducto y un embalse. Las obras se adjudicarían en 2026 y empezarían a operar en 2029. Mientras, el canal, que mueve el 5% del comercio marítimo mundial, sigue siendo la joya que todos quieren. EE. UU. lo cedió a Panamá en 1977 y lo soltó del todo en 1999.
¿China se hará con más terreno o Trump montará un circo para recuperarlo? Esto tiene más intriga que un juego de Risk en una reunión familiar. ¡A seguir el chisme!

