En un drama más intenso que cualquier película de su cartelera, la Cineteca Nacional enfrentará un paro de actividades convocado por su personal, harto de condiciones laborales que parecen sacadas de un guion de terror. La Colectiva Cineteca lidera esta protesta, denunciando pagos atrasados, contratos fantasma y la falta de prestaciones básicas que los deja más desprotegidos que un extra en una escena de acción.
El meollo del asunto no es nuevo: cerca del 70% de los 240 empleados trabaja bajo el esquema de honorarios, sin seguridad social ni beneficios, como si fueran freelancers en una distopía cultural. A esto se suma la sobrecarga laboral tras la apertura de nuevas sedes y sueldos tan bajos que no alcanzan ni para el boleto del cine. La colectiva acusa políticas públicas que tratan a los trabajadores como si fueran palomitas: baratos y desechables.
La manifestación, que promete ser pacífica, suspenderá actividades en los recintos principales de la Cineteca. Invitan al público y a la comunidad cinematográfica a unirse con pancartas de “Cineteca Nacional por la dignidad laboral”, buscando que el mensaje se proyecte en pantalla grande. Aunque recientemente se pagó el salario de enero y se agendó una reunión para discutir contratos, el personal exige soluciones reales, no solo avances de tráiler.
Este caso no es un cortometraje aislado: instituciones como el INBAL, IMCINE y la Biblioteca Vasconcelos también enfrentan problemas similares por restricciones presupuestales y contratos inciertos. Mientras los trabajadores de la Cineteca gritan “¡corte!” a estas injusticias, la pregunta es si las autoridades responderán con un final feliz o dejarán esta historia en un cliffhanger eterno.


