Lejos de los laboratorios de metanfetamina, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha encontrado un nuevo negocio sucio: el tráfico de mercurio. Desde la mina Los Santos en Bucareli, Querétaro, este metal viaja miles de kilómetros hasta la Amazonía de Perú, Bolivia y Colombia, alimentando la extracción ilegal de oro y dejando un rastro de contaminación que ni un ejército de ambientalistas podría limpiar. La Agencia de Investigación Ambiental (EIA) señala que el CJNG controla rutas terrestres y marítimas para mover el mercurio, un veneno que se usa para separar oro de sedimentos.
En la Amazonía, el mercurio se filtra en ríos y suelos, transformándose en compuestos tóxicos que envenenan la fauna y a comunidades humanas, causando daños neurológicos y enfermedades crónicas. Según Mongabay Latam, más de 200 toneladas han salido de México, donde el CJNG lo oculta como grava en contenedores de hasta 20 toneladas. El 74% de envíos sospechosos entre 2017 y 2023 fueron a Perú, especialmente a Madre de Dios, con una demanda de 1.5 toneladas mensuales. En el mercado negro, el mercurio alcanza los 330 dólares por kilo, desatando una “fiebre” tan lucrativa como el oro o la cocaína.
La minería ilegal genera más de 330 mil millones de pesos al año, superando a la extorsión, y permite lavar dinero al mezclar metales con producción legal. Además, otorga a cárteles como el CJNG control territorial, desplazando comunidades y usando violencia para dominar regiones.
¿Droga o mercurio? Parece que para el CJNG, todo lo que brilla (o contamina) es oro. Un negocio tóxico que está envenenando más que solo la selva.


