Colombia anunció este domingo un plan militar conjunto con Ecuador, respaldado por Estados Unidos, para golpear a los grupos narco en su frontera compartida, mientras la tensión arancelaria entre ambos países sigue más caliente que un tamal en microondas. El derechista Daniel Noboa, presidente ecuatoriano, subió el jueves los aranceles sobre productos colombianos al 50%, acusando a Bogotá de no hacer suficiente contra el narcotráfico en la zona limítrofe.
El plan militar incluye operaciones conjuntas e intercambio de inteligencia para debilitar a bandas que se financian con narcotráfico, contrabando y minería ilegal, desatando violencia en ambos lados. El Ministerio de Defensa colombiano no descartó “bombardeos” y destacó que el apoyo de EE. UU. con inteligencia será clave. Las operaciones se centrarán en cuatro puntos terrestres y uno marítimo. “La amenaza son los grupos criminales, no las naciones”, aclaró el ministro Pedro Sánchez en un video, intentando bajar el tono al pleito.
La guerra arancelaria empezó en enero cuando Noboa impuso un gravamen del 30%, tras fallar el diálogo diplomático. Luego lo elevó y aumentó un 900% la tarifa para transportar crudo por su oleoducto. Colombia respondió suspendiendo la venta de electricidad, vital para Ecuador en crisis hidroeléctrica, y aplicó un impuesto del 30%. Aunque Bogotá dice estar abierta al diálogo, la disputa daña comercio y cooperación energética, afectando más a Ecuador, según expertos.
Petro, líder izquierdista, pidió a Trump en febrero mediar en la crisis. Mientras, en la frontera de 600 km, la cocaína —principal producto colombiano— pasa por Ecuador rumbo a EE. UU. y Europa. Esto no es solo una pelea de vecinos, es un culebrón con narcos, aranceles y superpotencias de por medio.


