
¡Arranca la COP30 en la selva! Este lunes, en la tropical Belém, Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva abrió el evento con un grito de guerra contra los negacionistas del cambio climático. “Es hora de darles otra paliza”, dijo, recordando que invertir en el clima es más barato que pelear guerras. Pero hay un elefante ausente en la sala: Estados Unidos, el segundo emisor de gases de efecto invernadero, se saltó la fiesta. Donald Trump, quien llamó al calentamiento global “la mayor estafa”, dejó a todos sudando solos bajo la lluvia amazónica.
En Belém, con 42,000 acreditados, la falta de hoteles y precios disparados no apagaron el ánimo. Lula quiso que el mundo sienta la Amazonía, y vaya que lo lograron: la lluvia tropical hasta se coló en el centro de convenciones. Países y ONG coinciden en defender la ciencia, que advierte de un cataclismo si no actuamos ya. “No esperaremos a un negacionista”, soltó Jasper Inventor de Greenpeace, señalando el rol clave de China, la UE y Brasil.
La Amazonía, pulmón del planeta, sufre deforestación y minería ilegal. Comunidades indígenas como la de Monica Chuji exigen voz en las decisiones. Mientras, Lula propone una hoja de ruta para dejar los combustibles fósiles, idea aplaudida en la COP28 pero ahora chocando con el amor renovado por el petróleo, cortesía de Trump.
Simon Stiell, de la ONU, pide soluciones, no lamentos. Pero con el límite de 1.5 ºC casi perdido, según expertos, y países petroleros como Arabia Saudita frenando avances, el futuro parece más nublado que Belém en temporada de lluvias. ¿Lograrán acuerdos o será otro diluvio de promesas vacías? A esperar, con un paraguas a mano.

