
¡Bienvenidos a la jungla climática! La Cumbre del Clima COP30 arrancó este lunes en Belém, Brasil, con un Luiz Inácio Lula da Silva más encendido que un asado amazónico. Desde el corazón de la Amazonía, Lula llamó a la comunidad internacional a “infligir una nueva derrota a los negacionistas” y soltó que pelear contra el cambio climático es más barato que hacer guerras. ¿Alguien dijo “prioridades”?
La cumbre, que se extenderá hasta el 21 de noviembre, busca revivir los compromisos del Acuerdo de París a diez años de su firma, mientras el escepticismo político y las tensiones geopolíticas flotan como mosquitos en un pantano. Pero hay un gran ausente: Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases invernadero, decidió no asistir. Donald Trump, quien llamó al cambio climático “la mayor estafa de la historia”, dejó plantados a todos. Jasper Inventor de Greenpeace lo tiene claro: “No esperaremos a un negacionista para decidir nuestro futuro”. China, la UE y Brasil deberán liderar este baile.
Aunque el Gobierno federal yanqui brilló por su ausencia, gobernadores como Gavin Newsom de California y Michelle Lujan Grisham de Nuevo México se colaron a la fiesta. Newsom, indignado, soltó un “¿qué demonios pasa aquí?”. Mientras, Simon Stiell de la ONU pidió a los delegados de 190 países unirse contra la crisis climática, no contra ellos mismos. El IPCC advirtió que superar los 1.5°C parece inevitable, y Lula propuso una hoja de ruta para dejar los fósiles, aunque países petroleros como Arabia Saudita ponen cara de pocos amigos.
En fin, mientras Belém suda la gota gorda, uno se pregunta: ¿lograrán acuerdos reales o solo más promesas verdes que se marchitan? ¡Que no se les haga tarde!

