En un episodio que parece sacado de una película de acción de bajo presupuesto, Costa Rica, bajo el mando de Rodrigo Chaves y con el guiño de su amigo Donald Trump, ha decidido ponerse la capa de vigilante. El miércoles, el gobierno tico señaló como organizaciones terroristas a la Guardia Islámica de Irán, Hezbolá de Líbano, Hamás de Gaza y Ansar Alá de Yemen. ¿La misión? Blindar el país contra «riesgos a la seguridad internacional», según el ministro de Seguridad Pública, Mario Zamora, quien habló con la seriedad de un agente secreto en una novela de espías.
Zamora prometió que, con ayuda de socios internacionales, Costa Rica elevará sus barreras de seguridad para evitar que miembros de estos grupos paseen por el hemisferio occidental como si fueran turistas en busca de pura vida. Es como poner un cartel de «Prohibido el paso» en la selva, pero con más drama y menos monos. Chaves, por su parte, se alineó aún más con Trump al unirse al «Escudo de las Américas», un club de países latinoamericanos listos para jugar a los soldados contra el narcotráfico.
Siguiendo los pasos de Javier Milei en Argentina, que también etiquetó como terrorista a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán el 31 de marzo, Costa Rica firmó un trato con Washington para recibir hasta 25 migrantes deportados por semana. ¿Un escudo o un imán para problemas? Mientras Chaves y Trump se dan palmadas virtuales, los ticos se preguntan si esto es protección o simplemente un reality show geopolítico con extras caros.


