En Tierra Caliente, Michoacán, surgió uno de los grupos criminales con el nombre más bizarro del narco mexicano: Los Viagras. Y no, no trafican la pastillita azul. El apodo viene de Carlos Sierra Santana, quien de niño usaba tanto gel en el cabello que sus compañeros de escuela lo bautizaron «El Viagra» por traer los pelos más parados que bandera en día patrio. De galleros y campesinos criando pollitos en Huetamo, los Sierra Santana escalaron al crimen organizado con un nombre que suena más a farmacia de carretera que a cártel. Spoiler: el peinado no fue lo único que se les subió.
El grupo nace oficialmente en 2013, cuando las autodefensas comunitarias aparecen para frenar a La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios. Los Sierra Santana se presentan en Pinzándaro como guardia civil, pero informes de inteligencia revelan que tenían vínculos con «La Tuta» y «El Chango Méndez», líderes templarios. Vaya autodefensa. Según el sacerdote Gregorio López Gerónimo, el gobierno federal y estatal les dio apoyo para combatir a los Templarios en 2014. Cuando el gobierno se retiró, Los Viagras se quedaron con las armas, el territorio y un nombre que nadie se toma en serio hasta que llegan los balazos.
Hoy, liderados por Nicolás Sierra Santana «El Gordo», operan en Apatzingán, Buenavista y Tepalcatepec, con extorsión, metanfetaminas y enfrentamientos constantes contra el CJNG. Estados Unidos ofrece recompensas millonarias por su captura. De un apodo escolar a símbolo del terror: así es Michoacán, donde hasta el gel puede fundar un imperio criminal.


