¡Y en un movimiento más sorpresivo que un gol en contra, Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, ha mandado al banquillo al ministro de Defensa, Vladimir Padrino! Tras más de una década como el general estrella del chavismo, Padrino fue destituido este miércoles, mientras Rodríguez juega de titular temporal tras la caída de Nicolás Maduro el 3 de enero en una operación militar gringa.
Padrino, de 62 años, era el alfil de Maduro en la cúpula militar desde 2014, un tipo tan pegado al poder que parecía tener su uniforme cosido al cargo. En un mensaje por Telegram, Rodríguez le agradeció su “entrega y lealtad a la Patria”, llamándolo el “primer soldado” en la defensa del país. Vamos, un cumplido más inflado que un tanque en desfile. Aunque no soltó prenda sobre sus nuevas “responsabilidades”, suena a que lo mandaron a contar balas en algún escritorio olvidado.
En su lugar, Rodríguez puso a Gustavo González López, quien ya era jefe de la guardia presidencial y de la escalofriante contrainteligencia desde la caída de Maduro. Un ascenso más rápido que un ascensor en el Pentágono. Este cambio llega mientras los militares, el verdadero músculo del chavismo, juran “lealtad absoluta” a Rodríguez, controlando todo, desde petróleo hasta aduanas, con más poder que un Monopoly corrupto y más denuncias de abuso que un reality de mala fama.
¿Será este relevo un intento de limpiar la imagen o solo un cambio de piezas en el mismo tablero militarizado? Rodríguez parece estar jugando ajedrez con tanques, pero en Venezuela, el jaque mate siempre lo da quien tiene más galones. ¿Podrá González mantener el orden o terminará como Padrino, viendo el juego desde la banca? Esto está más turbio que un barril de crudo.


