La presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, recibió el miércoles al secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, en Caracas para una reunión que promete cooperación «sin límites» en energía y minería. Es la segunda visita de un miembro del gabinete de Donald Trump desde que ordenó la incursión militar que derrocó a Nicolás Maduro. Trump, más contento que niño con juguete nuevo, elogió el «gran trabajo» de Rodríguez, quien respondió en Telegram agradeciendo la disposición de Washington para fortalecer lazos en beneficio de ambos pueblos.
Rodríguez está moviendo cielo y tierra para revivir las relaciones bilaterales, rotas desde 2019. Impulsó una reforma a la ley de hidrocarburos que abre la puerta a empresas privadas, cedió control petrolero a EE. UU., liberó a cientos de presos políticos mediante amnistía y ahora planea una nueva ley minera. Burgum, que también lidera el Consejo de Dominio Energético de EE. UU., llegó con representantes de una docena de compañías mineras estadounidenses, listo para explotar el oro, diamantes y coltán del Arco Minero, un área de 112,000 km² criticada por ecocidio. Ecologistas, como SOS Orinoco, denuncian la pérdida de 945,000 hectáreas de bosque desde el año 2000 por minería ilegal.
En paralelo, EE. UU. autorizó a American Airlines reanudar vuelos directos a Venezuela, y PDVSA firmó nuevos contratos para enviar petróleo al mercado estadounidense, sumando más de 80 millones de barriles hasta ahora. Con la guerra en Medio Oriente disparando los precios del crudo, este trato llega como anillo al dedo. Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, adelantó que la reforma minera permitirá a grandes empresas extranjeras explotar minerales y tierras raras. ¿Cooperación o saqueo? Esto pinta más sospechoso que un trato en un callejón oscuro. Que alguien vigile los bosques, porque el «sin límites» podría costar más que un barril de oro.


