¡Quién lo diría! Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, y Donald Trump, el mandamás estadounidense, tuvieron una llamada tan larga que seguro agotaron el plan de minutos de ambos. Rodríguez, en un mensaje en Telegram, calificó la plática del miércoles como “productiva y cortés”, mientras Trump ya la había piropeado antes como una “persona formidable”. ¡Vaya química telefónica!
En esta conversación, que según Rodríguez se dio en un marco de respeto mutuo, tocaron temas jugosos. Hablaron de una agenda bilateral para beneficiar a sus pueblos y de esos “asuntos pendientes” que suenan más misteriosos que una telenovela a medio capítulo. Aunque no soltó prenda sobre el “secuestro” de Nicolás Maduro, derrocado el 3 de enero tras un bombardeo gringo en Caracas, la presidenta interina dejó claro que hay ganas de trabajar juntos.
Imagínense la escena: Trump, probablemente con un café en mano, y Rodríguez, quizás con un arepa al lado, discutiendo cómo enderezar una relación más torcida que un camino de montaña. Entre líneas, se intuye que ambos buscan un trato que deje a todos contentos, o al menos que no termine en otro drama internacional.
Mientras tanto, el resto del mundo observa este flirteo diplomático como si fuera un reality show. ¿Será este el comienzo de una inesperada amistad transatlántica o solo un truco para calmar las aguas? Una cosa es segura: con Trump y Rodríguez al teléfono, el guion de esta historia promete más giros que una salsa en una pista de baile caraqueña.


