En un drama más jugoso que un chisme de pasillo, legisladores demócratas arremetieron el 11 de febrero contra la fiscal general de EE. UU., Pam Bondi, acusándola de orquestar un “encubrimiento” de los archivos de Jeffrey Epstein. La bronca estalló en una audiencia tensa del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, donde Bondi defendió su gestión como si fuera una maestra regañada por entregar la tarea tarde.
Jamie Raskin, el demócrata estrella del comité, no se guardó nada. “Usted está dirigiendo un gran encubrimiento desde el Departamento de Justicia”, le soltó, molesto por la lentitud en publicar los documentos del caso Epstein, el delincuente sexual que murió en prisión en 2019 antes de enfrentar juicio por explotación de menores. Raskin se quejó de que solo han salido tres de seis millones de archivos, y encima, con ediciones que parecen hechas con tijeras de kinder.
Bondi, aliada inseparable de Trump, trató de capear el temporal. Juró que cientos de abogados y revisores han quemado pestañas revisando “millones de páginas” para cumplir con la ley. “Si borramos un nombre por error, lo pondremos de vuelta. Si dejamos el de una víctima, quítenlo, por favor”, dijo, como quien pide ayuda para arreglar un pastel quemado. Insistió en que su “índice de errores” es bajo, aunque los demócratas la miraron como si estuviera vendiendo humo.
Así que, mientras los archivos de Epstein siguen bajo llave, el Departamento de Justicia se convierte en el ring de una pelea política. ¿Encubrimiento o simple burocracia? Esto huele más sospechoso que un reality de Trump. Que saquen los papeles, o al menos un buen guion para este circo.


