¡Drama estadístico en Argentina! Marco Lavagna, director del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) desde 2019, tiró la toalla este lunes por un desacuerdo con el gobierno de Javier Milei sobre cuándo aplicar una nueva metodología para medir la inflación. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que Lavagna quería implementar ya el nuevo índice, pero Milei y su equipo ultraliberal prefieren esperar a que la desinflación esté “totalmente consolidada”. Traducción: no quieren que les acusen de maquillar números como si fuera un filtro de Instagram.
La inflación, el eterno dolor de cabeza argentino, ha sido el trofeo de Milei, cayendo de un brutal 211.4% en 2023 —cuando devaluó el peso a la mitad— a un “modesto” 31.5% en 2025, el nivel más bajo en ocho años. Caputo explicó que mantener la metodología vieja evita sospechas. “Estamos confiados en que la inflación bajará, no queremos que digan que cayó por cambiar el índice”, dijo, como si estuviera jugando ajedrez con los críticos.
El nuevo índice, listo para debutar el 10 de febrero, actualizaría la canasta de precios de 2004 —que ignora gastos como internet o telefonía móvil— con datos de 2017-2018 y estándares internacionales. Lavagna, cercano al opositor peronista Sergio Massa, era visto como garantía de transparencia en el Indec tras la llegada de Milei en diciembre de 2023. Su salida deja a Pedro Lines, número dos del organismo, al mando.
Mientras, el Indec ya había enfrentado renuncias por salarios bajos a fines de 2025. ¿Es este un tropiezo técnico o una señal de que los números no siempre suman en política? Esto huele más sospechoso que un asado sin chimichurri.


