El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, salió al ring este jueves para respaldar a Panamá con más fuerza que un hincha en un partido decisivo. Washington acusa a China de retener barcos con bandera panameña en sus puertos como represalia por una sentencia de la Corte Suprema de Panamá que anuló el contrato de una filial hongkonesa para gestionar los puertos de Balboa y Cristóbal en el Canal. ¡Esto huele a vendetta marítima!
Rubio, con tono de quien defiende a un amigo en una pelea de bar, aseguró que EE. UU. «apoya con firmeza» a Panamá y busca ampliar la cooperación económica y de seguridad con este aliado clave. La sentencia, influida por presiones de Donald Trump, quien no quiere infraestructura estratégica en manos chinas, fue celebrada por Rubio como un triunfo de la transparencia y el estado de derecho sobre intereses privados. Mientras, China responde que las acusaciones son «infundadas» y que todo es un plan gringo para «apoderarse del Canal». Drama nivel telenovela.
La Comisión Federal Marítima de EE. UU. ya abrió una investigación por las «inspecciones intensas» que retrasan barcos panameños, algo que Rubio calificó de sabotaje a las cadenas de suministro globales, elevando costos y minando la confianza en el comercio internacional. Por su parte, Panama Ports Company exige 2,000 millones de dólares por pérdidas tras quedar fuera del juego.
Con una cumbre entre Trump y Xi Jinping pactada para el 14 y 15 de mayo en Pekín, centrada en comercio, esto parece el preámbulo de una negociación más tensa que un cable de acero. ¿Soltará China los barcos o seguirá jugando al gato y el ratón? El Canal de Panamá no es un tablero de Monopoly, señores.


