En un episodio que parece sacado de un videojuego de piratas, el Comando Sur de Estados Unidos reportó que tres personas murieron este lunes en un ataque a una lancha presuntamente cargada de drogas en el Caribe. Es la última aventura de una campaña que, desde septiembre, ya suma al menos 150 bajas.
El Comando Sur, encargado de las operaciones gringas en la región, presumió en X que la embarcación navegaba por rutas clásicas de narcotráfico y estaba metida hasta el cuello en operaciones ilegales. Incluso subieron un video de la lancha explotando como si fuera el clímax de una película de Michael Bay. Pero, ojo, el gobierno de Donald Trump, que se autoproclama en guerra contra los “narcoterroristas” de América Latina, no ha mostrado pruebas sólidas de que estas lanchas sean realmente flotantes de contrabando.
Esto ha desatado un drama legal más enredado que una telenovela. Expertos en derecho internacional y defensores de derechos humanos gritan que estos ataques son ejecuciones extrajudiciales, ya que las víctimas no parecen ser una amenaza directa para EE. UU. Washington se defiende con las mismas leyes que usaron para cazar yihadistas de Al Qaeda tras el 11-S. Mientras, el Pentágono ha convertido el Caribe en su patio de juegos, desplegando una flota masiva que no solo revienta lanchas, sino que ha incautado petroleros y hasta capturó al líder venezolano Nicolás Maduro.
Así que, mientras EE. UU. juega a ser el sheriff del mar, el debate arde más que un barco en llamas. ¿Justicia o barbarie? Esto parece más turbio que el fondo del océano.


