
¡Que alguien traiga un café, pero sin el precio inflado! El ministro brasileño Mauro Vieira, tras charlas maratónicas con Marco Rubio en Washington, soltó que Estados Unidos y Brasil están a punto de firmar un acuerdo provisional este mes o el próximo. ¿La meta? Desenredar el lío de aranceles que tiene a ambos países peleando como vecinos por el volumen de la música.
Vieira, con el entusiasmo de quien encuentra Wi-Fi gratis, explicó que Rubio confirmó un plan para una “hoja de ruta” de negociaciones de dos o tres meses. Esto, después de reunirse dos veces en 24 horas, primero en Canadá durante un G7 y ahora en Washington. El objetivo es resolver todos los pendientes bilaterales, porque, según Vieira, EE. UU. está desesperado por arreglar las cosas con Brasil. El Departamento de Estado, más seco que un brindis sin licor, solo mencionó que hablaron de un “marco comercial mutuo”.
El drama empezó cuando Trump, en modo vengador, impuso aranceles del 50% a productos brasileños, uno de los más altos del mundo, por el juicio contra su amigo Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel. El café, joya brasileña, subió un 21% en agosto en EE. UU., y las bananas tampoco se salvaron. Pero hay luz al final del túnel: Scott Bessent, secretario del Tesoro, prometió un anuncio “sustancial” pronto sobre estos precios.
Ahora, la pelota está en la cancha gringa, esperando su respuesta a la última oferta de Brasil. ¿Será este acuerdo un shot de espresso para las relaciones bilaterales o solo otro sorbo de café frío? Mientras tanto, los consumidores en EE. UU. cruzan los dedos para no seguir pagando fortunas por su dosis matutina.

