¡Drama financiero internacional! Estados Unidos y Japón no logran ponerse de acuerdo sobre cómo repartir un pastel de 550,000 millones de dólares en inversiones niponas en suelo gringo de aquí a 2029. El ministro japonés de Comercio, Ryosei Akazawa, lo admitió este jueves en Washington, donde se reunió con su contraparte estadounidense, Howard Lutnick, para tratar de limar asperezas.
Akazawa confesó a la prensa que aún hay “diferencias significativas”, aunque hubo “nuevos avances”. Vamos, que están más lejos de un acuerdo que un turista perdido en el metro de Tokio. Japón prometió este colosal paquete a cambio de que Donald Trump baje la guardia con los aranceles que amenaza con imponer a sus productos. La mayoría de esos millones vendrán de préstamos y garantías de organismos públicos japoneses para apoyar financiamiento privado, pero Washington tendrá la última palabra sobre dónde se gastará cada centavo. Un comité revisará los proyectos, y Trump en persona dará el visto bueno, como si fuera el juez de un reality show de inversiones.
El encuentro entre Akazawa y Lutnick es un preámbulo a la visita de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, a mediados de marzo. Akazawa insistió en que las empresas de ambos países deben salir ganando y “absolutamente no sufrir pérdidas”, como si estuviera vendiendo un seguro contra desastres. Sin embargo, no hay fechas ni planes para futuras charlas, así que todo sigue más en el aire que un dron sin batería.
¿Lograrán consensuar o seguirán discutiendo hasta 2029? Por ahora, este acuerdo parece más complicado que armar un mueble de IKEA sin instrucciones. ¡Que alguien traiga un mediador!


