¿Creías que estar en la cárcel era un retiro forzoso? Piensa de nuevo. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos acaba de sancionar al Cártel de Santa Rosa de Lima y a su capo, José Antonio Yépez Ortiz, alias “El Marro”, quien, pese a una condena de 60 años en México, sigue manejando su imperio del crimen como si estuviera en una oficina con Wi-Fi.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) soltó el chisme: el cártel se forra los bolsillos robando combustible y petróleo en Guanajuato, creando un mercado negro tan grande que cruza fronteras. Es como si montaran un Netflix pirata, pero de gasolina, afectando a Pemex y a empresas gringas que solo querían vender su combustible sin drama. Este negocio turbio no solo deja sin luz a muchos, sino que enciende alertas en Washington.
Mientras El Marro dirige operaciones desde su “suite” carcelaria, uno se pregunta si tiene un celular escondido o un dron repartidor. ¿Cómo lo hace? ¿Acaso tiene un asistente personal tras las rejas? El Tesoro de EE. UU. no se anda con juegos y quiere cortarle el suministro de efectivo, porque parece que este narco no entiende que “condenado” no significa “en vacaciones”.
Así que, mientras Guanajuato sigue siendo el patio de juegos de este cártel, las sanciones intentan ser el árbitro que pite el final del partido. ¿Funcionarán o será otro episodio de esta telenovela criminal sin fin? Solo falta que El Marro mande un meme desde la prisión diciendo: “Sanciones, ¿y eso con qué se come?”


