Unos 15,000 enfermeros iniciaron una huelga este lunes en tres grandes hospitales privados de Nueva York, desatando el caos y forzando a las autoridades a declarar estado de emergencia. La Asociación de Enfermeros del Estado de Nueva York (NYSNA) califica este paro como el más grande de su historia en la ciudad, denunciando condiciones laborales deplorables en seguridad y prestaciones sociales tras meses de negociaciones estancadas para un nuevo contrato.
Nancy Hagans, presidenta de NYSNA, disparó sin filtro: “Los ejecutivos codiciosos de los hospitales prefieren ganancias a una atención segura para los pacientes”. Los huelguistas armaron piquetes frente al NewYork-Presbyterian, Montefiore Bronx y Mount Sinai. Los hospitales respondieron dando de alta o trasladando pacientes, cancelando cirugías y contratando personal temporal. Mount Sinai, con aire de quien no negocia ni en un bazar, aseguró estar “preparado para seguir atendiendo” y tildó las demandas de “extremas”, rechazándolas de plano.
El alcalde Zohran Mamdani, socialista del Partido Demócrata, respaldó a los enfermeros con entusiasmo de mitin: “Vemos su trabajo, merece reconocimiento y estamos con ellos”. Instó a ambas partes a volver a la mesa de negociación de buena fe. No es la primera rebelión; en enero de 2023, 7,000 enfermeros lograron mejoras contra la falta de personal tras tres días de paro.
Esto parece un episodio de drama médico, pero sin guion ni final feliz asegurado. ¿Cederán los hospitales ante la presión o seguirán jugando al magnate inflexible? Mientras tanto, los enfermeros demuestran que salvar vidas no incluye soportar desdén corporativo. Nueva York espera una resolución antes de que el sistema colapse como un castillo de naipes.


