¡Arrr, camaradas! Estados Unidos se puso el parche en el ojo y asaltó un buque petrolero venezolano en el Caribe, como si estuviéramos en un episodio de “Piratas del Caribe: La Venganza del Tío Sam”. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó este jueves que el barco será llevado a un puerto gringo y el crudo confiscado. ¡Eso es un botín y no el del capitán Sparrow!
El petrolero, bajo sanciones desde hace años, fue abordado el miércoles por fuerzas estadounidenses, un movimiento que Caracas calificó de “robo descarado” y “piratería”. Y no es para menos, porque el petróleo es el oro negro que mantiene a flote al gobierno de Maduro. Leavitt soltó que no van a quedarse de brazos cruzados viendo buques sancionados pasearse con crudo de contrabando, cuyos ingresos, según ella, alimentan el “narcoterrorismo de regímenes ilegítimos”. Vamos, que esto es un golpe directo a la billetera venezolana.
Cuando le preguntaron si esta movida en el Caribe iba por drogas o por petróleo, Leavitt esquivó como boxeador profesional, diciendo que EE. UU. tiene “varios objetivos” en el hemisferio occidental. La Casa Blanca, que recién sacó una Estrategia de Seguridad Nacional, ve a América Latina y el Caribe como su patio trasero prioritario, sobre todo con China y otros “amigos hostiles” rondando por ahí.
¿Es esto una cruzada por la justicia o una pelea por el control del grifo petrolero? Mientras tanto, el buque navega hacia el norte, y Maduro debe estar buscando un mapa del tesoro para recuperar su oro líquido. ¡Esto está más turbio que el mar en tormenta!


