
Prepárense para el drama financiero del año: Estados Unidos y México unieron fuerzas este jueves para patear el tablero del Cártel de Sinaloa, apuntando al grupo criminal Hysa y a una red de casinos que parecen más lavanderías de dinero que lugares de apuestas. Imaginen a James Bond, pero con calculadora en mano.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y la Red de Control de Delitos Financieros (FinCEN) lideraron esta operación, nacida de los acuerdos tras la visita del subsecretario del Tesoro, John K. Hurley. Su misión: cortar las alas financieras a 10 casinos en Sinaloa, Sonora, Baja California y Tabasco, como Emine Casino, Casino Mirage y Midas Casino. Estos lugares, según la OFAC, son el spa de lujo donde el dinero del narco se da un baño de espuma y sale oliendo a rosas. FinCEN, bajo la Sección 311 de la Ley Patriota, quiere expulsarlos del sistema financiero de EE. UU. y pide a bancos internacionales que los vigilen como suegras en boda.
Además, 27 personas y entidades, incluyendo empresas como Entretenimiento Palmero S.A. de C.V. y Rosetta Gaming S.A. de C.V., fueron sancionadas por usar casinos, restaurantes y fachadas en México, Canadá y Europa para blanquear billetes. Sus activos en EE. UU. están congelados, y cualquier transacción con ellos es tan ilegal como pedir pizza con piña en Italia.
El Tesoro insiste en que no buscan castigar, sino “cambiar conductas”. Claro, como cuando le dices a un niño que no coma dulces mientras le quitas la bolsa. ¿Funcionará este golpe al Monopoly del narco o solo cambiarán de tablero? Apuesten, pero no en estos casinos.

