¡Trump sigue dando de qué hablar, y no precisamente por su carisma! El Parlamento Europeo está considerando poner en pausa un acuerdo comercial con Estados Unidos como protesta por las amenazas del presidente yanqui de apoderarse de Groenlandia, ese pedazo helado que Dinamarca no piensa soltar. ¿Negocio o chantaje? Esto está más caliente que un debate en Twitter.
El acuerdo, que incluye aranceles cero para langostas gringas y recortes de derechos de importación de la UE, iba a votarse el 26 y 27 de enero. Pero las bravatas de Trump tienen a los eurodiputados dudando. Este miércoles, la comisión de Comercio se reunió sin decidir nada, posponiendo la discusión para la próxima semana. Mientras, 23 parlamentarios, liderados por el danés Per Clausen de La Izquierda, junto a socialdemócratas y verdes, pidieron a Roberta Metsola, presidenta de la asamblea, congelar todo hasta que Trump baje el tono. Clausen advirtió que aprobar el acuerdo ahora sería como darle un trofeo a Trump por portarse mal.
Anna Cavazzini, de Los Verdes, soltó que el caos es la única moneda de Trump, y Valérie Hayer, de Renovar Europa, sugirió aplazar la votación si las amenazas persisten. El problema es que el acuerdo ya parece un mal chiste: la UE baja la mayoría de sus aranceles, mientras EE. UU. mantiene un 15% sin ceder en cosas como bebidas o acero. Congelarlo podría enfurecer a Trump y desatar una guerra de aranceles.
Europa está entre la espada y la pared: ¿ceder ante el bully del patio o arriesgarse a un berrinche comercial? Esto parece un reality show donde nadie gana, pero todos pierden la paciencia.


