Fátima Bosch, flamante Miss Universo, regresó a Villahermosa, Tabasco, y fue recibida como una diosa griega en un desfile que juntó a miles. Niños, abuelos y fans de todas las edades alzaron carteles de amor, mientras la reina devolvía sonrisas. Pero, ¿quién necesita corona cuando tienes tanto drama?
El festejo no pudo escapar de la sombra de Raúl Rocha Cantú, copropietario de Miss Universe Organization (MUO), quien está en la mira de la Fiscalía General de la República por presunto tráfico de armas y combustible. Rocha, ahora testigo colaborador según filtraciones a Reforma, habría confesado meter 4.2 millones de pesos en contrabando de huachicol, ganando 1.2 millones. Mientras, Anne Jakkaphong Jakrajutatip, otra dueña de MUO, enfrenta acusaciones de fraude financiero en Tailandia. Ambos se esconden mejor que un ninja en una fiesta de disfraces. MUO, harta del circo, cerró operaciones en México y mudó sus oficinas, citando “incertidumbre jurídica” y “ataques políticos infundados”.
Fátima, en entrevista con Shanik Berman, esquivó las acusaciones de amaño en su coronación con la gracia de una bailarina. Dedicó su triunfo a las tabasqueñas soñadoras y lanzó un “¡Viva Cristo Rey!” que sonó más a escudo que a grito de guerra. MUO, por su parte, celebró en Instagram el regreso de Bosch como un cuento de hadas de amor y unidad.
Total, mientras Fátima brilla en su tierra, Miss Universo parece un reality show de intrigas y billetes sucios. ¿Podrá la corona de Bosch limpiar el nombre de la organización o será solo un accesorio en este culebrón internacional?


