Estados Unidos inauguró este miércoles su primera oficina del FBI en Ecuador, un movimiento estratégico para unir fuerzas con las autoridades locales y meterle el dedo en el ojo al crimen organizado. La embajada de Washington en Quito anunció este paso como un golpe directo al narcotráfico y sus tentáculos.
Este mes, EE. UU. y Ecuador ya habían arrancado operaciones militares conjuntas contra grupos criminales ligados al tráfico de drogas y actividades ilícitas como la minería ilegal, que han convertido partes del país en un buffet para las mafias. Lawrence Petroni, encargado de negocios de la embajada, destacó en redes sociales que este memorando y la nueva unidad de confianza del FBI potenciarán la capacidad de ambos países para desmantelar redes de tráfico de drogas, lavado de dinero, contrabando de armas y financiación del terrorismo. Básicamente, quieren cortar las alas a los malos desde la raíz.
Por su lado, el ministro del Interior ecuatoriano, John Reimberg, no se quedó atrás y aseguró que el trabajo del FBI será inmediato. Además, el gobierno creó una nueva unidad en la policía nacional para colaborar codo a codo con los agentes estadounidenses. Esto no es un simple apretón de manos; es una señal de que Ecuador está dispuesto a jugar duro contra el crimen que ha estado haciendo de las suyas en el país.
¿Será esta alianza el puñetazo que tumbe a las redes criminales o solo un show más de cooperación internacional? Esto está más intrigante que una serie policial en su temporada final. Solo el tiempo dirá si el FBI y Ecuador logran limpiar la casa.


