¡Escándalo en la capital! El FBI allanó este miércoles el domicilio de Hannah Natanson, periodista del Washington Post, en Virginia, como parte de una investigación sobre filtraciones de seguridad nacional. El Pentágono, bajo la administración de Donald Trump, ha endurecido las reglas para los medios, y esta movida, calificada por el diario como “altamente inusual y agresiva”, es la cereza del pastel.
La fiscal general Pam Bondi y el director del FBI, Kash Patel, confirmaron en X que el registro apuntó a Natanson por presuntamente obtener y divulgar información militar clasificada, filtrada por Aurelio Perez-Lugones, un contratista del Pentágono detenido hace días. Perez-Lugones, exmarino y con autorización de máximo nivel, enfrenta cargos por retener documentos sensibles desde octubre de 2025. Los agentes encontraron papeles clasificados en su coche, dentro de una caja de almuerzo, y en su sótano.
Durante el allanamiento, los federales incautaron laptops, un teléfono y hasta un reloj de Natanson, aunque le aclararon que no es el objetivo de la investigación. El Post recuerda que ella ha cubierto al gobierno federal en un año turbulento de Trump, incluso publicando su número seguro en foros para recolectar testimonios de miles de fuentes.
Críticos como Xochitl Hinojosa, exdirectora de comunicación del Departamento de Justicia, denuncian en X que esto rompe protecciones históricas para periodistas. El Departamento de Defensa, desde septiembre, ya había restringido a la prensa con reglas draconianas, haciendo que medios como el New York Times o Fox News abandonaran sus oficinas en el Pentágono.
¿Es esto un ataque a la libertad de prensa o una medida de seguridad? Una cosa es clara: con Trump al mando, los periodistas están más en la mira que nunca.


