¡Sorpresa ártica! Francia y Canadá abrieron este viernes sus consulados en Nuuk, capital de Groenlandia, como un guiño al gobierno local y un claro “ni se te ocurra” a los planes de Donald Trump de convertir la isla en su patio trasero. Esto es diplomacia con olor a hielo fresco.
La ministra canadiense Anita Anand, izando su bandera en Nuuk, llamó al día “muy importante”, mientras el cónsul francés Jean-Noël Poirier aterrizaba para charlar con el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen. Poirier no se anduvo con rodeos: dijo que la movida tiene un peso político obvio, sobre todo con Trump y el jefe de la OTAN, Mark Rutte, cocinando un “marco” turbio sobre el futuro de la isla. Dinamarca y Groenlandia, por su parte, dicen “ni un paso atrás” en soberanía, respaldados por Europa.
Francia ya había anunciado esto en junio con Emmanuel Macron de visita en Nuuk, y Canadá confirmó su consulado a finales de 2024 para estrechar lazos con los groenlandeses. Ambos dependerán de sus embajadas en Copenhague. Para Groenlandia, esto es como un ensayo de independencia, según el politólogo Jeppe Strandsbjerg: una chance de practicar relaciones directas sin intermediarios. La analista Christine Nissen agrega que los groenlandeses buscan más contactos con Europa mientras sueñan con soberanía plena.
Groenlandia ya tiene representaciones en la UE, Washington y Reikiavik, y consulados de Islandia y EE. UU. en Nuuk desde hace años. Ahora, con la Comisión Europea también instalada en 2024, la isla parece un tablero de ajedrez diplomático. ¿Trump hará su próximo movimiento o se quedará congelado? Esto se pone más frío que un invierno ártico.


