¡La guerra en Oriente Medio no solo lanza misiles, sino también un golpe a nuestros platos! Este jueves, la directora de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Ngozi Okonjo Iweala, advirtió en Ginebra que el conflicto representa una “amenaza grave” para la seguridad alimentaria mundial. Y no, no es solo un drama lejano; esto podría vaciar estanterías y disparar precios en todo el planeta.
Según Iweala, el caos en la región está interrumpiendo el transporte y elevando los costos energéticos, lo que reduce la oferta de fertilizantes y encarece su precio como si fueran boletos para un concierto sold out. “Una interrupción prolongada podría propagarse por los sistemas alimentarios. Los agricultores usarán menos fertilizantes y cultivarán menos cosechas intensivas”, explicó a los periodistas, pintando un futuro más seco que un desierto sin oasis.
La directora insistió en la urgencia de mantener las cadenas de suministro globales abiertas y predecibles. “Es esencial que los canales de comercio de alimentos sigan funcionando para que los suministros lleguen a donde más se necesitan”, dijo, como si estuviera rogando por un salvavidas en medio de una tormenta. Porque, seamos sinceros, cuando los fertilizantes escasean, no solo las plantas sufren; los estómagos también gruñen.
¿Podrá el mundo esquivar esta crisis alimentaria o terminaremos racionando el pan como en un reality de supervivencia? La OMC lanza la alerta, pero con el conflicto ardiendo, mantener las cadenas abiertas suena más difícil que encontrar Wi-Fi en el desierto. Esto no pinta bien para la cena de mañana, ni para la del próximo año.


