La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) se puso las pilas y terminó de rehabilitar cinco puentes federales en Guerrero, que el huracán John había dejado más tambaleantes que un borracho en tacones. Estas obras, con una inversión de 323 millones de pesos, benefician a más de 1.2 millones de habitantes que ya no tendrán que cruzar ríos a nado.
Los puentes, rediseñados para aguantar ciclones como si fueran superhéroes de concreto, forman parte de una estrategia más grande para modernizar las carreteras de Guerrero, un estado con más curvas peligrosas que un culebrón de medianoche. Ajustaron altura, longitud y trazo, usando concreto armado, vigas metálicas y cimentación profunda. Vamos, que ahora soportan crecidas de ríos y tormentas como si nada. Entre los puentes estrella está el “Ing. Alfredo Mendizábal” en la ruta Chilpancingo-Acapulco, con un carril extra y refuerzos que protegen a 779 mil personas. Luego está el Omitlán, elevado siete metros tras ser arrastrado por el río; ahora es más seguro para 26 mil habitantes.
También renovaron La Olla, Tlapaneco I y Acahuizotla, este último con un trazo corregido para quitar una curva más traicionera que un ex. Las obras, parte del Programa Carretero de Guerrero 2025 con mil 880 millones de pesos, generaron 574 empleos directos e indirectos, dándole un empujón a la economía local. Se ampliaron carriles y se construyeron muros de contención, todo para que no se repita el drama del huracán.
En resumen, Guerrero ahora tiene puentes más resistentes que un chiste malo en sobremesa. ¿Aguantarán el próximo huracán o solo el tráfico de memes en redes? Eso está por verse.


